Fruto de la unión y el compromiso por la conservación del mar entre la Fundación Canaria Mapfre Guanarteme y Aquawork, empresa especializada en la filmación y el estudio marino de Canarias, nace este proyecto, que pretende dar a conocer y revalorizar el mar canario como un gran apuesta de conservación basada en su divulgación y conocimiento.






lunes 8 de febrero de 2010

Fotografiar a contrarreloj



La inmersión profunda es fascinante. La luz se vuelve tenue, los sentidos se agudizan, la concentración te hace entrar en un estado de alerta constante. A su vez la vida se vuelve cada vez más monótona y en muchas ocasiones es muy escasa. Sin embargo el buceo profundo te engancha porque allí abajo tienes la sensación certera de estar explorando, a menudo eres el primero en estar allí, el primero en verlo. A ciertas profundidades, descender diez metros más supone un importante reto organizativo y a la vez supone descubrir un ecosistema totalmente nuevo, con especies, que nunca antes habías visto. Eso para un buceador “naturalista” es irresistible, y para un “fotógrafo naturalista” es adictivo.

A grandes profundidades, el fotógrafo tiene varios hándicaps que limitan enormemente su trabajo: la escasez de luz, la gestión de una gran cantidad de equipo y la brevedad del tiempo que podemos estar en la cota máxima.

Hoy en día, la escasez de luz podemos compensarla con la calidad de los sensores de las cámaras actuales, que nos permiten sacar fotos de gran calidad con muy poca luz ambiente. La gestión de una gran cantidad de equipo (hasta 40 y 50 kg en botellas) es algo a lo que uno, de forma irremediable, se acostumbra. Sin embargo, en mi opinión, el hándicap principal es el poco tiempo que podemos permanecer a ciertas cotas. Para poner un ejemplo, en algunas de las inmersiones más profundas en El Bajo de las Gerardias, (-70m) de un total de 100 minutos de inmersión, solo 30 fueron en el fondo, 10 para el descenso y 60 para el ascenso.




La utilización de circuitos de respiración cerrados (rebreathers) nos han abierto las puertas de las profundidades con una mayor seguridad, pero a medida que aumentamos la profundidad los tiempos en la cota máxima se acortan mucho y las descompresiones aumentan de forma exponencial. La fotografía profunda es una carrera contrarreloj, en la que en unos pocos minutos tienes que encontrar algo interesante, algo que pague el esfuerzo y el riesgo de ir hasta allí abajo. Es habitual incluso, que en un lugar mágico, enormemente hermoso y tan único como el bajo de las Gerardias, regreses a superficie con las manos vacías, sin ninguna imagen destacable. Aún así, es fascinante y sigue valiendo la pena.

Fotos y textos: Jordi Chias