Fruto de la unión y el compromiso por la conservación del mar entre la Fundación Canaria Mapfre Guanarteme y Aquawork, empresa especializada en la filmación y el estudio marino de Canarias, nace este proyecto, que pretende dar a conocer y revalorizar el mar canario como un gran apuesta de conservación basada en su divulgación y conocimiento.






viernes 5 de febrero de 2010

La sesgada visión humana del planeta



Resulta tremendamente paradójico que hayamos bautizado al planeta que nos dio origen con el nombre de “Tierra”. Sobre todo, si atendemos a la gran superficie de vasto océano que recubre nuestro también denominado planeta azul. En este sentido rompemos una baza a favor de los que utilizan esta última denominación, al menos de vez en cuando, para referirse a nuestro hogar planetario. La etimología de la palabra “Tierra” está muy relacionada con la antigüedad clásica, pero el origen de la denominación de nuestro planeta con el vocablo aludido parece poco claro.

Las críticas a la denominación no pasarían de ser un comentario anecdótico sobre el modo de pensar humano si no ocultaran el verdadero problema de fondo: “un portentoso desinterés por la cuestión marina”. Una de las consecuencias de lo que venimos diciendo es que la exploración de la geografía marina se encuentra todavía en sus inicios. Siempre podemos achacar este retraso explorador a las limitaciones tecnológicas que impone el medio marino, pero este argumento queda sin peso cuando repasamos los datos sobre exploración espacial y comprobamos que existen mejores mapas de la luna y de algunos planetas que de los fondos marinos que cubren las dos terceras partes de nuestra casa común. Baste indicar que los estudios más conservadores señalan la existencia de al menos 100.000 montañas submarinas que superan los 1000 metros de altura e incontables de menor altitud. Además, el 50% de la superficie del planeta se encuentra por debajo de los 3000 metros: las llanuras abisales abarcan millones de kilómetros cuadrados. Se trata de una geografía equivalente a la superficie de la Luna y de Marte juntas (Ramírez Llodra y Billet, 2006). Sin duda, los océanos constituyen la última frontera para la exploración de nuestro planeta.

Desde el punto de vista de la biodiversidad, debemos considerar que el medio marino es el hábitat más extenso de la biosfera y los océanos constituyen el bioma más grande que conocemos, ocupando el 71% del planeta y representan un volumen de 1348 millones de km³.

Los océanos son la cuna de la vida y conservan los fósiles más antiguos que se conocen: los estromatolitos australianos tienen 3500 millones de años de antigüedad y fueron producidos por cianobacterias. Sin embargo, los fósiles más antiguos datados en las tierras emergidas tienen tan solo 450 millones de años. A la luz de estos datos podemos afirmar que la vida en el mar ha tenido mucho más tiempo para diversificarse que la terrestre. La evolución lleva más tiempo gestándose en el mar que en tierra firme.

A pesar de lo que se pueda llegar a pensar por los legos, la falta de exploración del medio marino alcanza todos los niveles, desde las grandes profundidades hasta las costas más someras, dónde los investigadores continúan teniendo una gran falta de información sobre los fondos marinos y las comunidades que los pueblan. Gran parte de las costas del mundo están escasamente estudiadas o prácticamente sin estudiar desde el punto de vista de la biología marina.

Lo cierto es que mientras en las tierras emergidas todavía se celebra con gran algarabía cuando se descubre alguna especie de mamífero en algún lugar recóndito de las pocas selvas que quedan, en los océanos se descubren familias y órdenes nuevos para la ciencia con una facilidad que da vértigo por las grandes expectativas que se abren de cara al futuro. Sin embargo, lo más excitante de todo, es que en el mar todavía quedan grandes comunidades de seres vivos todavía desconocidos y que bien podrían catalogarse de mundos biológicos por descubrir.

Textos: Dr. Oscar Ocaña
Foto: Rogelio Herrera